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Carlos Eslava: «Si en Córdoba hay familias que pasan hambre es porque quieren»

ENTREVISTA AL PRESIDENTE DEL BANCO DE ALIMENTOS

Carlos Eslava: «Si en Córdoba hay familias que pasan hambre es porque quieren»

 

Carlos Eslava, en las instalaciones del Banco de Alimentos. - A.J. GONZÁLEZ

Carlos Eslava, en las instalaciones del Banco de Alimentos. – A. J. GONZÁLEZ

Araceli R. Arjona Araceli R. Arjona
25/02/2018

Salvo los días que se escapa cada año para hacer a pie el Camino de Santiago, Carlos Eslava se levanta bien temprano cada día desde hace más de un lustro de lunes a viernes para acudir a su puesto en el Banco de Alimentos de Córdoba. Gerente de empresas durante años, decidió hacerse voluntario cuando se jubiló y tras «captarlo» para la junta directiva, se convirtió en el candidato perfecto para suceder en la presidencia a su predecesor, Luis Moreno, cuando éste se retiró de la faena. «Ahora estoy buscando relevo para mí, pero es complicado, hay mucha gente que quiere ayudar, pero encontrar a alguien dispuesto a asumir la responsabilidad cuesta más». Me recibe en su despacho del antiguo matadero, actual sede del Banco de Alimentos, dispuesto a contestar cualquier pregunta mientras decenas de voluntarios trajinan en el almacén y las oficinas.

-¿Cuánta gente trabaja aquí?

-Ahora mismo hay cuatro personas en plantilla y más de cien voluntarios fijos que dedican una hora mínimo a la semana al banco. Además, están los que vienen de instituciones penitenciarias para hacer tareas en beneficio de la comunidad que varían en número. Ahora tenemos ocho.

-¿Qué requisitos piden a los voluntarios y qué tareas desempeñan en el Banco de Alimentos?

-Solo que quieran ayudar, nosotros les buscamos una actividad. Hay casos en los que sabemos que el trabajo de algún voluntario va a haber que repetirlo, pero, si vienen con ilusión, los aceptamos, eso es lo importante. En cuanto a las tareas, aquí hay mucho trabajo de calle. Hay un grupo de profesores jubilados que va a los colegios para sensibilizar contra el derroche de comida. También hay un grupo de gente que va a las empresas para pedir alimentos o recoger, hay quienes se encargan de estar en las operaciones kilo, que organizamos todas las semanas, otros hacen la verificación de productos que llegan de Europa y personas encargadas del tema administrativo, el teléfono, el almacén y la clasificación de alimentos, que es un trabajo muy laborioso porque hay que cumplir la ley en materia de sanidad.

-¿Cómo evoluciona el número de entidades y beneficiarios? ¿Perciben que la crisis remite?

-Ha bajado bastante desde hace dos años, lo que indica que la crisis va pasando aunque notamos también que hay una población fija, que no gira, sino que se encuentra en una situación endémica. No se les ve con ganas de levantar cabeza, se apuntan al subsidio y luego a la economía sumergida, al trapicheo. Entonces, entre chapuzas, ayudas, alimentos… van al día. Están marginados del mercado laboral, pero subsisten de esa manera. La UE exige desde hace dos años que las personas que reciben los alimentos tengan un certificado de un trabajador social y eso ha reducido mucho la picaresca. Ahora hay que «confesarse» y presentar papeles, no vale solo con decir que uno está mal. Muchas personas no lo han querido hacer y también hay entidades que, por una cuestión burocrática, se han retirado, por el papeleo. El año pasado cerramos con 243 entidades beneficiarias y un año antes había 279. En número de personas, en el 2015, antes de que empezaran estos controles, había 43.000 personas y el año pasado, teníamos 27.032. Esto ha tenido otro efecto. Como hay menos gente, en el 2015 entregábamos 108 kilos por persona y año y ahora damos 168.

-Dice que hay picaresca, pero lo cierto es que no hay trabajo.

-Sí, pero tampoco los ves preocupados de buscarlo. Yo parto de una base. Si uno coge el mapa de España y ve que en unos sitios hay mucho paro y en otro poco debe ser que en otros sitios se está haciendo algo distinto, no sé qué, pero, si nos acostumbramos a que nos ayuden y nos den, mal asunto porque te acomodas y no sales. Yo hablo con mucha gente al cabo del día. Y hay quien viene por aquí y le pregunto ¿tú de qué vives? Y me dicen: «yo estoy de ocupa». Primer asunto. «A ver si me puede usted ayudar con alimentos». Y les digo que no, que aquí no entregamos comida a personas, pero que vayan a una entidad… Algunos se quejan y ni siquiera van a solicitarlo. Les orientamos, pero nada. Hace mucho tiempo que de aquí no sale nadie con una bolsa de comida, ni un tomate, porque todo lo que hay aquí es para las personas necesitadas. Me pasó una vez que recibimos una bolsa grande de caramelos y vino un colegio. Los niños me pidieron y les dije que no, que eso se pedía para las personas que pasan necesidad. Es muy importante que la gente lo sepa.

-¿Hay mucha picaresca?

-Hay de todo, y hay mucha gente que se pone en cualquier cola. Antes de los nuevos controles, por ejemplo, recibimos denuncias de establecimientos que vendían alimentos de Europa y eso es ilegal.

-¿Las familias reciben también fruta y verdura?

-Los alimentos de la UE y los habituales del banco son productos no perecederos. Eso tiene la ventaja de que se almacenan bien porque no caducan inmediatamente, pero no entregas alimentos frescos y esa es una carencia importante. El problema es que no podemos entregar fruta y verdura aunque tengamos porque no hay posibilidad de repartirlas sobre la marcha, no hay una estructura de distribución y solo llegan a entidades de consumo como residencias o comedores sociales. Es una lástima. Este año ha habido sobreproducción en ciertos alimentos y las cooperativas nos han llamado, pero lo hemos tenido que rechazar porque no hay entidades que hagan la distribución familia a familia. Es complicado. En algunas zonas de Cataluña lo han resuelto identificando en un censo a todas las personas necesitadas de un municipio, a las que les entregan una tarjeta con un saldo que pueden canjear por alimentos. Para eso haría falta tener locales adecuados y una estructura municipal donde depositáramos los alimentos para su reparto. Ahora mismo, solo la mitad de las entidades están en el programa de fruta y verdura y eso supone que haya familias en un mismo barrio que reciben alimentos frescos y otras que no, según la entidad suministradora.

-¿Usted cree que la existencia de los bancos de alimentos descarga en cierto modo de responsabilidad social a las instituciones?

-España es líder en solidaridad y líder en desperdicio. El origen de los bancos de alimentos es evitar el desperdicio. Las recogidas suponen un 30% de lo que repartimos y tienen, sobre todo, una función de solidaridad, el objetivo principal es luchar contra el desperdicio. Cuanto más opulenta es una sociedad, más se desperdicia. Esa es nuestra batalla. Ahora mismo, hay una lucha general contra el desperdicio, nosotros vamos a diario a recoger a los supermercados productos próximos a la fecha de caducidad que la gente no compra, aunque sea apto para consumo. Para eso está el banco de alimentos y eso siempre va a existir.

-¿La crisis nos ha hecho que todos desperdiciemos menos comida que antes?

-Yo diría que ahora mismo se tira más que antes porque están viniendo ciertas medidas de sanidad por seguridad alimentaria. De ahí la lucha entre consumo preferente y fecha de caducidad. Hay que poner las dos fechas y no se ponen, lo que nos reduce el margen porque no podemos entregar nada caducado aunque yo en casa me lo coma.

-El agua del grifo es gratis y se vende mucha agua mineral.

-Uno de los problemas más graves es el tema de los plásticos. Falta concienciación, sobre todo en ciudades como Córdoba, donde el agua es muy buena. Me llama la atención que hasta en las instituciones sigan poniendo botellitas de agua en lugar de dar ejemplo.

-¿Para qué ha servido la crisis?

-En parte, para adelgazar. Uno se plantea cosas, de qué puede prescindir y algunas de las que dejas atrás ya no vuelven más. O para introducir, por ejemplo, el tupper en los restaurantes, una cosa cada vez más común en Europa.

-¿Los supermercados siguen tirando su excedente?

-Estamos proponiendo que se prohíba por ley tirar las mermas que son, por ejemplo, una lata abollada o si en unos yogures de cuatro uno está roto, los otros tres no se pueden vender y se tiran todos. En algunas de las grandes superficies nuestras entidades van a recoger las mermas en nuestro nombre y hay una cadena que lo lleva a un comedor social.

-¿Recibís también donativos económicos?

-Sí, de dos tipos. Donativos finalistas como la subvención del Ayuntamiento o de empresas y particulares que indican qué es lo que tenemos que comprar y a cambio ellos reciben la deducción fiscal. Al año recibimos unos 250.000 euros en donativos en especie (cuando nos entregan por ejemplo mil kilos de botes de mayonesa o de aceite). En metálico, serán unos 40.000 euros. Lo que la gente olvida es que aquí hay que pagar la luz, a la gente contratada… aun así, nosotros intentamos tener el mínimo de gastos para que la mayor parte del dinero vaya a la compra de alimentos.

-¿En Córdoba hay familias que pasan hambre?

-Si pasan hambre es porque quieren, entre comillas, porque tienen recursos suficientes para que no sea así. El otro día me pidió una entidad que no les mandáramos aceite de girasol, que querían aceite de oliva, y eso no. Vamos a ver, nosotros entregamos lo que tenemos. Yo soy de Albacete y me he pasado media vida sin probar el aceite de oliva y aquí estoy. Hay gente que dice que no quiere pasta o lentejas… Yo le doy algo para alimentarse, por eso digo, que no se pasa hambre, otra cosa es que reciban lo que les gusta. Yo me suelo parar con la gente que está en la calle y, si ponen que piden para comer, les digo «usted puede ir a este sitio y le dan de comer», pero no van. Una vez me pasó con un señor en la puerta de la iglesia. Le dije ¿y usted para qué pide, porque tendrá su pensión? Y me dijo que bueno, que si ahí sacaba diez o quince eurillos, más pues mejor. Hay mucha picaresca. A mí me ha venido a pedir gente con la Coca Cola en una mano y el cigarro en la otra. Hay necesidades que la gente se crea y no puede venir sin ellas: quien lleva un buen móvil y, en ese caso, ¿no tiene para comer? En Córdoba tenemos una oenegé que da desayunos a las personas necesitadas y hay entidades como Reto, Renacer, Fundación Guadalquivir, Stop Desahucios, Síndrome Down… que entregan alimentos a ciertos colectivos. Luego hay entidades como el comedor Rey Heredia que vino hace tiempo para solicitar alimentos. Yo les dije que, mientras el comedor no estuviera homologado por Sanidad, no podía porque nos comprometíamos mucho, que volvieran con los papeles en regla, pero no han venido. Para recibir comida como entidad de reparto tenían que presentar los papeles de sus usuarios para cruzar datos y que estos no reciban de otro lado con el fin de evitar el agravio comparativo, pero tampoco están registradas como tal.

-¿Qué pasaría con sus beneficiarios si no existiera el banco?

-No sé, quizás aumentaría la delincuencia, quién sabe. Además, toda esa comida se tiraría.

-¿Qué necesitan ahora, aceite?

-No, hemos tenido un donante de 100.000 litros de aceite de girasol. Lo que vamos a necesitar pronto va a ser leche, porque la de la gran recogida caducará pronto.

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Carlos Eslava. Presidente del Banco de Alimentos Medina Azahara “Cobramos en sonrisas y eso ni se devalúa ni nos lo embargan”

En 2016 se cumplirán tres años desde que este jubilado gestiona la entrada y salida de todos los kilos de comida que pasan por el local que la entidad tiene en Mercacórdoba.

Noelia Santos | EL DIA DE CÓRDOBA

MÁS de cuatro millones de kilos de comida recibió y repartió el Banco de Alimentos Medina Azahara a lo largo del año pasado, un 38,7% más que el año anterior. Gestionando todo este trasiego se encuentra Carlos Eslava, que desde 2013 es presidente de la organización, aunque lleva unos cuantos años más como voluntario. Aquí nadie cobra, a excepción de unos pocos que ejercen un trabajo algo más complejo. Eslava habla poco de sí mismo y, por ahora, lo único que importa es su cargo en el banco, poco más aporta de sus labores anteriores. Eso sí, la profesionalidad con la que trata el tema denota que llevar esta institución requiere más tiempo que muchos trabajos. Agradece toda la colaboración que reciben, año tras año, y sobre todo después de los periodos más nocivos de la crisis.

-¿Cómo llegó al Banco de Alimentos?

-Me había jubilado y quería hacer algo, ayudar a los demás. Después de algún tiempo dudando, un amigo me dijo que viniera aquí. Yo no sabía ni lo que era. Venía dos días a la semana y me debieron ver a mí un poco cara de tonto y me dijeron que acudiera más días. Después me presenté para la junta directiva y fui tesorero con Luis Moreno, presidente de toda la vida del banco. Cuando él no se vio capacitado para seguir en el cargo, me presenté yo. En 2016 va a hacer tres años que soy presidente.

-¿A qué se dedicaba antes de llegar a esta institución?

-Lo importante es lo que estoy haciendo aquí. Yo hago el Camino de Santiago cada mes de abril, nos juntamos unos cuantos y lo único de lo que hablamos es del camino, porque el motivo de estar allí es ese. En el caso de los voluntarios del banco, por ejemplo, yo no sé ni lo que han hecho en muchos casos, porque lo importante es que ellos quieran ayudar. No importa lo que yo he hecho anteriormente, sino lo que estoy haciendo ahora mismo aquí.

-¿Cuál es el fin verdadero del Banco de Alimentos?

-Aunque parezca raro surge en Estados Unidos cuando un hombre vio a una señora recoger alimentos de un contenedor y por otro lado estaba viendo que en los supermercados se tiraba. Él pensó que si lo que se va a tirar se le da antes de que lo tiren a esta señora, a ellos no les cuesta nada y a la señora le ayudo y le arreglo la vida. Para conseguir que lo que va a caducar pronto llegue a la gente que lo necesita hay que hacer las cosas muy rápidamente. El Banco de Alimentos es como los bomberos, está siempre de guardia. Nosotros lo que pedimos a la industria alimentaria es que no tire lo que esté próximo a caducar, sino que nos lo dé, y encima a ellos le hacemos un favor porque a veces no sabrían lo que hacer. La mayoría de las instituciones piden dinero, pero nosotros no. Eso sí, las campañas son siempre en alimentos, pero a veces la gente piensa que las cosas funcionan solas. Esto tiene sus gastos y a veces nos es complicado cubrirlos, tenemos furgonetas, seguro, la luz, el teléfono y eso también hay que pagarlo, la jaula tiene que estar viva. Pero estamos muy agradecidos siempre a la generosidad de la gente.

-Esa generosidad está latente, imagino, en los voluntarios.

-Cuando un voluntario viene nosotros le tenemos que agradecer que venga, el tiempo que venga, porque desconocemos su situación personal. A lo mejor a un señor que viene un solo día le cuesta venir mucho más porque tiene que dejar atrás muchas más cosas que otro que viene los siete días de la semana. El Banco es un motor continuo y lo tienes que hacer funcionar con aportaciones discontinuas, pero los beneficiarios siempre los tienes ahí. Donde sí tenemos muchos voluntarios, y en eso está ya más centrada la población en general, es en las operaciones kilo porque son hechos muy puntuales. Pero aparte está el día a día, que tiene que estar funcionando y requiere gente jubilada que son los que tienen tiempo, u otros en situación de paro. También tenemos un convenio con instituciones penitenciarias para personas que hacen servicios a la comunidad, que además es gente joven y viene bien siempre.

-¿Llegan muchos voluntarios?

-Hay muchos voluntarios que vienen con la necesidad de comida y nos quieren dar a cambio la colaboración, pero nosotros no funcionamos así. Nosotros no queremos que nadie salga de aquí con una bolsa porque el que lo ve no sabe por qué la lleva, si lo necesita o no lo necesita o es un pequeño tinglado que tenemos aquí montado. Le preguntamos que donde vive y le decimos que se acerque a su Cáritas y allí se aportan los papeles necesarios. Cuando la crisis estaba en lo más álgido, los había que me planteaban que estaban en paro y que estaban dispuestos a trabajar. Funcionamos a través de un código de las buenas prácticas de tal manera que todo el mundo sabe lo que hay aquí. El prestigio se gana día a día, pero en una mala acción se pierde de la noche a la mañana.

-¿Cómo ha cambiado el perfil del beneficiario final en los últimos años?

-La cara de ese beneficiario no la conocemos, nosotros trabajamos con las entidades, son ellas las que nos cuentan. A lo que sí ha dado lugar la crisis es a gente que no estaba metido entre los usuarios habituales pero han entrado porque a lo mejor el no tener que comprar alimentos les ha permitido pagar la luz, el teléfono, el alquiler o la hipoteca. Es una forma de ayudar a las familias, no a gente que está indigente, pero sí personas que necesitan ayuda y entonces con esto al mes reciben el equivalente a 400 euros y ese dinero lo pueden usar para otras cosas.

-¿Qué pasaría si no existiera el Banco de Alimentos?

-Aumentarían los robos porque pasaría esto que alguna vez hemos visto en algunas televisiones, que asaltan los supermercados para comprar alimentos, algo que también ha pasado en alguna época aquí. Ahora nadie tiene esa necesidad, otra cosa es que haya un pose política para protestar, pero nadie necesita asaltar un supermercado para comer. A veces me encuentro pobres en la calle y me paro y le pregunto para qué está ahí, no me diga usted que para comer porque ya le digo yo donde puede ir. Además estamos contribuyendo desde un punto de vista ecológico a no desperdiciar y mirar por este planeta, que no haya en la basura cosas que se pueden consumir.

-Aunque parece que la situación económica mejora, el Banco de Alimentos Medina Azahara reparte más kilos.

-Nosotros repartimos lo que nos den. Por ejemplo, nos han llegado ahora refrescos y lo repartimos, eso no forma parte del alimento en sí pero forma parte de las cosas que hace el Banco de Alimentos. Otras veces nos han venido patatas fritas, yo nunca pediría para patatas fritas si tuviera que pedir para comer, o batidos, helados, productos congelados precocinados, nunca lo daríamos, sin embargo se reparten. De hecho hemos tenido en alguna ocasión en la que se nos ha dicho “no pasta y no arroz” porque tienen, eso demuestra que no estamos en límite de subsistencia porque si así fuera, nos comeríamos lo que hubiera.

-¿Cuáles son las principales peticiones de las entidades a las que repartís?

-Aunque alguna entidad diga lo de la pasta y el arroz, estamos hablando de personas en riesgo de exclusión social, por lo que todo le viene bien. A todo el mundo le viene bien un litro de aceite, se supone que tienen que querer de todo, sino es que no estamos en el nivel de personal en riesgo de exclusión.

-¿Considera lo que hace en el Banco de Alimentos un trabajo?

-Lo tomo con la misma profesionalidad que un trabajo. Nosotros movemos cuatro millones de kilos de entrada y otros tantos de salida. Hay que hacerlo muy profesionalmente o no se hace. Tenemos mucha gente que en sus trabajos han sido expertos en estas cosas y sin cobrar nada están aportando su experiencia a este asunto y esto da lugar a que una cosa aparentemente muy compleja, resulte relativamente fácil. También están los jubilados que han hecho muchas cosas a lo largo de su vida y facilitan mucho el solucionar los problemas.

-¿Se recibe más de lo que se da?

-Nosotros recibimos mucho más de lo que damos. Muchísimo más. Siempre digo que nosotros cobramos en sonrisas y eso ni se devalúa, ni nos lo embargan, ni nos lo hipotecan y siempre se revaloriza. Con lo cual estamos pagados.

-¿Lo ideal sería que el banco no existiera?

-Lo ideal de los ideales sería que no se despilfarra ningún alimento. Como eso prácticamente es imposible, la labor teórica primera de recoger las cosas que están para tirarse y dársela a otras personas que lo necesitan siempre estará ahí porque siempre habrá desequilibrio. Por ejemplo, tú vas al supermercado y ves un paquete de pan de molde que le faltan tres días para caducar y no lo retiran, si yo lo compro, voy a comprar el que tenga una semana. Pero si todas las personas hacen eso, quiere decir que eso lo tienen que retirar y la empresa lo tiene que destruir. Si en medio está el banco y dice “esto lo recojo y lo reparto”, esta función será siempre necesaria. Otra cosa es que estemos paliando el hambre u otro tipo de problemas. Siempre habrá gente que tenga algún tipo de adicción y siempre va a necesitar, porque del dinero que reciben no hacen un uso bueno y las familias no tienen la culpa de que una persona sea alcohólica o drogadicta, esa familia siempre va a necesitar ayuda.

http://www.eldiadecordoba.es/article/cordoba/2087085/cobramos/sonrisas/y/eso/ni/se/devalua/ni/nos/lo/embargan.html

Presentación en la Fundación Cajasol de la Gran Recogida de Alimentos de Córdoba

  La Gran Recogida se erige en el mayor movimiento solidario de Córdoba
El Banco de Alimentos moviliza a más de 3.400 voluntarios para desarrollar la actividad en 150 establecimientos

Juan Ruz (Diario El Día de Córdoba)eldia

Presentación de la Gran Recogida en las instalaciones de la Fundación Cajasol.
Uno de los aspectos que tiene claro el Banco de Alimentos Medina Azahara es que la Gran Recogida prevista para el próximo fin de semana se ha convertido por sí misma en el mayor movimiento solidario de la capital y la provincia. Así lo confirmó ayer el presidente de la entidad, Carlos Eslava, en la presentación de lo que es esta iniciativa, en la que dijo que “es algo asombroso” lo que es capaz de poner en marcha este proyecto.
En ese sentido, recordó que la parte más laboriosa llega después de la recogida de los alimentos, puesto que hay que clasificarlos, una tarea en la que el año pasado invirtieron más de un mes “y es un trabajo duro para los voluntarios”, hasta el punto de que incluso tienen que acudir en horario de mañana y tarde a colaborar. “Nuestras entidades benéficas son extraordinarias y nosotros hacemos un reparto extraordinario”, apuntó Eslava, quien recordó además que se trata del tercer año consecutivo que se realiza esta Gran Recogida. “El primer año se llevó a cabo sólo en Andalucía y Cataluña” y desde entonces adquirió carácter nacional.
Otro de los asuntos que preocupa a la entidad y que se ha resuelto es el de la logística, ya que tras los dos días de campaña hay que retirar los alimentos y llevarlos a la sede dél Banco de Alimentos. En este punto, el presidente recordó que “aprovechamos” la base logística de cada uno de los establecimientos participantes, que son los que luego colaboran con el transporte de todo el material, salvo algunas excepciones, en la que es el propio colectivo el que se hace cargo del traslado.
La prueba -según Eslava- del impacto que supone esta Gran Recogida se observa en los datos que arroja. Así, recordó que participan en esta ocasión con unos 3.400 voluntarios, que se distribuirán entre los 150 supermercados colaboradores -30 más que el año pasado-. El objetivo es superarla cifra del año pasado, con lo que se persigue superar los 300.000 kilos de comida. No obstante, el presidente quiso ser prudente en este punto, puesto que hay que pensar en que no tiene el mismo valor un kilo de legumbres que de aceite. Además, agradeció el apoyo de la Fundación Cajasol a este proyecto y la implicación de muchos municipios con el fin de que la campaña llegue a toda la provincia.
Precisamente, la sede de la Fundación Cajasol en Córdoba fue el espacio elegido para presentar la Gran Recogida, un acto en el que desde Cajasol Luis Miguel Pons incidió igualmente en que esta campaña es el encuentro solidario más importante de la comunidad autónoma y que la fundación se sumó a la misma porque ya contaba con una iniciativa similar —Andaluces Compartiendo— con la organización de productores Landaluz, “por lo que decidimos unir fuerzas”.

Mientras, el presidente del Banco de Alimentos Medina Azahara recordó algunos datos de la memoria de actividades del año pasado, cuando la organización atendió las necesidades de 253 centros y a más de 41.700 personas, para lo que recibieron 3,1 millones de kilos de alimentos, la mayoría de ellos provenientes de asociaciones asistenciales.

INICIATIVA RESPALDADA POR FUNDACIÓN CAJASOL

Esperan superar los 300.000 kilos de alimento en la Gran Recogida

El número de personas atendidas por el banco crece un 33% en el 2013
P.C.A. Diario CÓRDOBA”

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El Banco de Alimentos Medina Azahara movilizará a unos 3.400 voluntarios en la Gran Recogida que este año, en su tercera edición, se celebrará los días 28 y 29 de noviembre. En esta línea, el presidente de la entidad, Carlos Eslava, y el director del área de Acción social de la Fundación Cajasol, Luis Miguel Pons, presentaron ayer esta iniciativa en la que han previsto que pueden reunir más de 300.000 kilos de comida, aunque Eslava recordó que “lo importante es movilizar a la sociedad cordobesa y lo demás saldrá solo”.

El presidente explicó que “si se piensa fríamente, es un poco asombroso ver que podamos mover a 3.400 personas para una operación de choque, creo que es el mayor movimiento solidario que se hace, por lo menos en Córdoba y provincia, de una fecha tan corta”. En este sentido, señaló que Fundación Cajasol financia los gastos de la campaña y destacó que este año ha crecido el número de establecimientos que participan, que según la memoria de la entidad fueron 140 en la última edición y este año serán 150. Estos comercios se ubican en la capital y otros municipios, y el presidente del banco subrayó la labor que están realizando para llegar a los pueblos, por lo que en referencia a la captación de colaboradores precisó que “queda muy poquito margen”. Los ciudadanos que estén interesados en ser voluntarios encontrarán un enlace con información en la web del Banco de Alimentos, mientras que a aquellos que deseen donar productos, se les pide que aporten básicos como el aceite, leche, legumbres, conservas y productos infantiles. Así, Carlos Eslava instó a evitar la comida que necesita refrigeración —para que no se estropee antes de llegar al beneficiario— y destacó que el objetivo es repartirla durante el mes de diciembre.

El Banco de Alimentos dio a conocer ayer la memoria de su actividad en el año 2013, que recoge un aumento superior al 33% en el número de beneficiarios de sus actuaciones y servicios, con un total de 41.756 personas. Además, el documento indica que fueron entregados más de tres millones de kilos de alimentos, lo que supuso un leve descenso (del 8%) respecto al año anterior, en línea con la bajada de los recibidos, que sumaron 3,2 millones, casi un 9% menos.

Córdoba / ESTE VIERNES Y SÁBADO

El «gran» objetivo: recoger 300.000 kilos de alimentos en Córdoba

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El Banco de Alimentos desplegará a tres mil voluntarios en 150 puntos para canalizar la ayuda

«La meta real es superar los 300.000 kilos de alimentos». Ésa es la cinta que hay que romper este fin de semana durante la Gran Recogida de Alimentos en 150 supermercados de Córdoba y provincia. Y es el propósito del responsable de captación de productos del Banco de Alimentos Medina Azahara, Joaquín Cabello, con 3.000 voluntarios repartidos por todos los establecimientos participantes.

Presentación en la Fundación Cajasol de la Gran Recogida de Alimentos de Córdoba

Una auténtica maratón solidaria este viernes y sábado que se repite en toda España. Cabello define la «Gran Recogida» como una «una movilización contra el hambre» porque todavía hay en Córdoba «mucha gente que no puede plantearse hacer una comida buena al día porque no tiene».

Cabello hizo un llamamiento a la participación de los cordobeses en esta maratón solidaria en los supermercados, por lo menos de la misma manera que en ediciones anteriores. El año pasado se rozaron los 240.000 kilos de alimentos.

En esta edición, presentada este martes en la sede de la Fundación Cajasol, entidad patrocinadora del evento junto con Landaluz, y en el que también colaboran un sinfín de marcas y empresas, se ha producido un aumento del 10 por ciento del número de establecimientos que se han adherido.

El trabajo de los voluntarios se centrará en prestar ayuda a los usuarios a depositar los alimentos en los puntos destinados a tal efecto en los establecimientos adheridos y también servirán de apoyo e información a todas las personas que lo necesiten a la hora de hacer su donativo mientras realizan su compra.

Leche, aceite, legumbres, conservas y alimentación infantil. Éstos son los productos más demandados que se repartirán a diversas instituciones benéficas, en concreto, a las 253 adheridas al Banco y que atienden a unas 42.000 personas. Con ello, «haremos una aportación especial para la Navidad», subraya Cabello.

Mientras que en en 2004 el Banco de Alimentos de Córdoba repartió unos 17.000 kilos de comida, en el presente 2014, una década después, la cifra podría superar los «cuatro millones», subraya el responsable de captación de esta oenegé.